Fuerza del Pueblo: una oposición que todavía no logra conectar con La Vega

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Por Winston Hernández

LA VEGA, República Dominicana.– A poco menos de dos años para las elecciones de 2028, la Fuerza del Pueblo enfrenta en La Vega una realidad que sus principales dirigentes deberían analizar con profundidad: hasta el día de hoy, la organización no ha sabido posicionarse como una alternativa política dominante ni conquistar de manera contundente el respaldo de la población vegana.

Esto no significa que la Fuerza del Pueblo no haya crecido desde sus primeros procesos electorales. Sería injusto afirmarlo. Tiene una estructura provincial y municipal, cuenta con dirigentes experimentados, posee representación en la Sala Capitular y logró llevar a Gilda Moronta a la Cámara de Diputados. Además, Euclides Sánchez conserva reconocimiento político y la organización ha realizado juramentaciones, encuentros y actividades en diferentes puntos de la provincia. Sin embargo, una cosa es tener estructura y otra muy diferente lograr que esa estructura conecte con el sentimiento cotidiano de la gente.

Los resultados electorales de 2024 dejaron una señal que no debería ser ignorada. En la Circunscripción 1 de La Vega, la Fuerza del Pueblo consiguió una diputación, mientras el PRM obtuvo cuatro de las cinco posiciones. En la competencia senatorial, Euclides Sánchez tampoco pudo derrotar a Ramón Rogelio Genao. A nivel municipal, la organización tampoco consiguió convertirse en la principal fuerza política del municipio cabecera. Son resultados que demuestran que existe una base electoral, pero todavía insuficiente para hablar de un verdadero dominio opositor en La Vega.

El problema se hace más evidente cuando observamos lo ocurrido después de las elecciones. La Vega ha vivido situaciones que normalmente representan terreno fértil para cualquier oposición: prolongados apagones, fuertes cuestionamientos por el aumento de la facturación eléctrica, problemas de agua potable, deficiencias en el drenaje, acumulación de basura, reclamos comunitarios y controversias alrededor de diferentes obras públicas. A esto se sumó la crisis institucional producida por la salida de Kelvin Cruz de la Alcaldía. Pocas veces una oposición encuentra tantas circunstancias simultáneas para construir un discurso político capaz de penetrar en los barrios y comunidades.

Sin embargo, la Fuerza del Pueblo no ha sabido capitalizar plenamente ese escenario. Ha realizado denuncias y sus dirigentes han fijado posiciones públicas, pero esas acciones todavía no parecen haberse convertido en un movimiento social y político permanente alrededor de las principales preocupaciones de los veganos. Para posicionarse no basta con ofrecer ruedas de prensa, celebrar reuniones partidarias o llenar salones con dirigentes. La verdadera política territorial se construye en María Auxiliadora, Las Carmelitas, Villa Rosa, Pontón, Jeremías, La Penda, El Tanque, Conani, Guaco, Barranca, Rincón, Cutupú y cada comunidad donde diariamente existen ciudadanos esperando que alguien escuche sus problemas.

Incluso la propia reorganización realizada por la Fuerza del Pueblo en febrero de 2026, cuando juramentó una nueva dirección municipal y anunció equipos para fortalecer el trabajo territorial, puede interpretarse como el reconocimiento de que hacía falta una mayor presencia política en las comunidades. Organizar el partido es necesario, pero el desafío fundamental no está dentro de los locales partidarios: está en las calles.

La Fuerza del Pueblo cuenta además con figuras que deberían representar una ventaja competitiva. Euclides Sánchez tiene una extensa trayectoria política; Gilda Moronta ocupa una curul en la Cámara de Diputados; Miguel Villar dirige la organización en el municipio y existen otros dirigentes con experiencia. La pregunta entonces resulta inevitable: ¿por qué esa combinación de liderazgo, estructura y desgaste del Gobierno todavía no se traduce en un respaldo popular contundente en La Vega?

También deben revisarse las heridas internas. Antes de las elecciones municipales de 2024, un grupo de 15 aspirantes a regidores anunció públicamente su renuncia a las candidaturas en medio de diferencias con la dirigencia local. Posteriormente llegaron controversias ante la Junta Electoral y decisiones del Tribunal Superior Electoral. Aunque algunos de esos conflictos tuvieron componentes externos al partido, dejaron al descubierto dificultades que una organización con aspiraciones de poder debería superar definitivamente.

Hay lugares de la provincia donde FP ha demostrado capacidad competitiva. En Rincón, por ejemplo, estuvo cerca de alcanzar la dirección distrital en 2024, mientras en Constanza ha desarrollado incorporaciones y trabajos de fortalecimiento. Esas señales son importantes y deben reconocerse. Pero tampoco pueden utilizarse para ocultar el problema principal: la Fuerza del Pueblo todavía no ha demostrado que posee una mayoría social y electoral consolidada en la provincia de La Vega.

Leonel Fernández ha visitado la provincia y la organización ha mostrado una importante capacidad para movilizar a su dirigencia. Pero llenar una asamblea partidaria no necesariamente significa conquistar al ciudadano que no pertenece a ningún partido. Ese elector independiente será decisivo en 2028. Es precisamente allí donde FP tiene que demostrar que puede trascender sus estructuras internas.

El escenario debería preocupar aún más a la organización porque estamos frente a un electorado cada vez menos comprometido permanentemente con los partidos tradicionales. El ciudadano reclama soluciones y observa quién aparece cuando falta el agua, cuando llega una factura eléctrica que no puede pagar, cuando una calle se inunda, cuando una comunidad reclama una obra o cuando siente que las autoridades no responden. Una oposición inteligente convierte esas demandas en acompañamiento permanente, propuestas y fiscalización.

Hasta el día de hoy, la Fuerza del Pueblo no ha sabido ocupar completamente ese espacio en La Vega ni ganar el respaldo mayoritario de la población local. Tiene tiempo para hacerlo, pero el reloj electoral avanza.

Si pretende convertirse en una verdadera opción de poder para 2028, tendrá que salir mucho más de sus estructuras, abandonar cualquier política basada exclusivamente en reuniones y juramentaciones, superar definitivamente las diferencias internas y construir una agenda directamente vinculada con los problemas de las comunidades.

La Vega no se conquista políticamente desde un salón. Se conquista recorriendo sus barrios, escuchando sus comunidades, fiscalizando permanentemente, presentando soluciones y demostrando que existe una alternativa diferente.

La Fuerza del Pueblo tiene dirigentes, estructura y oportunidades políticas. Lo que todavía le falta demostrar es que tiene al pueblo de La Vega.

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