Por Fausto Piña B.
Aprobar lo que es bueno, mientras hacer lo que es malo, es lo común en el ser humano. Jesucristo, condenó esa práctica, cuando advierte a sus discipulos: «Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagais conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen» Mt. 23: 3.
El simple diagnóstico de una enfermedad no indica que queda curada dicha situación. Necesario es que también se busque la cura de ella. Muchos diagnósticos, pero la enfermedad sigue igual.
Un mundo contradictorio, se observa cuando existen tantas riquezas, pero a la vez, tantas pobrezas. Las conductas de avaricia y codicia andan controlando la solidaridad y la justicia social; es que es fácil ver la necesidad y hacerse de la vista gorda.
Saber que Jesucristo es la verdad, el camino y la vida que lleva al Padre, no quiere decir que se esté con el Padre. Hay que convertirse de corazón a Cristo, para que él nos prepare para estar ante el Padre siendo santos y sin mancha ante nuestro Dios.
Las iglesias son la luz del mundo, pero lucen como si fueran más tinieblas que luces, debido a que el hombre ha desviado la causa que da origen a ellas. Jesucristo salva a las personas y las añade a sus iglesias, pero el hombre se lleva la gloria. ¿Hasta cuándo se seguirá enseñando mandamientos y promesas de hombres?
Volvamos a la senda de Cristo, redimiendo el tiempo y las doctrinas cristianas para que glorifiquemos a nuestro Dios; dando a Dios lo que es de Dios y a César, lo que es de él. Tiempo es de una vuelta a Dios.
El mundo necesita que la verdad le llegue, que la luz le alumbre y que la fe se imponga. Pero, ésto sólo es posible si ha habido un arrepentimiento verdadero de la persona, y que aprendamos del ser más humilde y manso que ha vivido en la tierra, Jesucristo.
Este mundo contradictorio que sabe que es mejor vivir en paz, pero vive en diferentes formas de guerras. Se sabe que la fe es lo que mueve montañas, pero no se busca tener fe; ella viene por oír la palabra de Dios. La tenemos escrita en papel y digital, mas no se lee. Debemos sincerisarnos, para que cambiemos y encontremos solución a las situaciones.
Dejemos de mirar los defectos de los demás y comencemos a corregir lo deficiente en nosotros. Seamos amorosos, comprensivos, tomando la iniciativa para cambiar y así empezar a ayudar al prójimo. Seamos luz y andemos en paz. La vida es dura, pero con Cristo es más fácil.