LA VIDA ES UN CANTO A LA BELLEZA. GRACIAS A LA VIDA.

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«Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, gobiernan mi vida:
ansias de amar, búsqueda del conocimiento y una
insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.»
Bertrand Russell

POR: DR. FAUSTO MOTA GARCÍA.

Estoy, literalmente parado en medio del camino. Justamente, al cumplir las siete décadas de edad. En interés de echar una mirada retrospectiva al trayecto. Inicio con un fragmento de la canción magistral de Violeta Parra, que expresa: “Gracias a la vida que me ha dado tanto/ Me ha dado la risa y me ha dado el llanto, / Así yo distingo dicha de quebranto/ Los dos materiales que forman mi canto/ Y el canto de ustedes que es el mismo canto/ Y el canto de todos que es mi propio canto”.

Admito sinceramente, en la vida he sido, lo que he querido ser: un soñador impenitente, un sueño que sí se cumplió, un proyecto de vida sin marrullas ni artificios, un maestro de escuela, que pudo ser sacerdote, pero elegí el aula como laboratorio de mis oraciones y enseñanzas.

Aprovecho para agradecer a la vida; a gente lindas, que incidieron en lo que he podido ser.
Mi Riqueza Enorme: Evaluar mis bienes, es coincidir con el filosofo-poeta de siempre; “Es tanta mi fortuna que me asusta, es tanta, que al pensarlo siento miedo: Tengo el mar, tierra y ríos, tengo el sol y la luz de la sonrisa de mi familia, tengo el cielo infinito, tengo miles de estrellas, y poseo fe, pues no hay nada sin ella. Tengo un humilde, pero feliz hogar, con flores, librero y muchos libros. Tengo obras que he escrito, conocimientos, internet y ojos para discriminar: colores, gestos, rostros y sonrisas. Tengo la suerte de estar vivo, de ver a un hermano, a un amigo, recordar a mi madre, y besar a mis hijos. Tengo a Dios y esta tierra bendita…»
Excusen este desahogo poético, en primera persona, saben que no es mi costumbre. Aproximarnos a los setenta, nos torna sentimentales, perdemos el sentido práctico de la vida.

Recientemente escribí a mis hijos, palabras preparatorias para cuando la parca venga a llevarme, expresé: “Cuando muera no lloren por mí/ sientan mi espíritu: al contemplar la belleza del mar, / el cristal de la risa de un niño, la lealtad de un perro, en el verdor de la madre naturaleza, /que mi memoria sea estímulo y fortaleza para luchar por una mejor educación, equidad, justicia y un mundo mejor”.

Nada personal me preocupa. Impertérrito, acepto el designio divino. Estoy consciente; la vida es una convocatoria a la transparencia, la disfruto con amor, que es a nivel sutil, la esencia de nuestra instancia inmunológica. Admito, como Neruda: «Confieso que he vivido». Tiempo y proyectos que faltan, los dejo a Fuerzas Superiores, pues el destino es inescrutable. Finalizo estas cuartillas, en armonía absoluta; como lo hiciera Amado Nervo en su poema “En Paz”.

“Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,/ porque nunca me diste ni esperanza fallida,/ ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; /porque veo al final de mi rudo camino/ que yo fui el arquitecto de mi propio destino; /que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,/ fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:/ cuando planté rosales, coseché siempre rosas./ …Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: /¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! /Hallé sin duda largas las noches de mis penas; /mas no me prometiste tan sólo noches buenas; /y en cambio tuve algunas santamente serenas…/ Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. / ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz/” .
Fausto Mota.

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