La historia del cardenal József Mindszenty, símbolo de resistencia frente al régimen comunista húngaro
Esztergom, Hungría.— La noche del 26 de diciembre de 1948, apenas un día después de Navidad, el cardenal József Mindszenty sabía que la policía comunista había llegado por él.
Los vehículos de la policía secreta rodeaban su residencia en Esztergom. Mindszenty era arzobispo de Esztergom y primado de Hungría, además de una de las principales figuras de resistencia frente al avance del régimen comunista.
Antes de ser detenido dejó escrita una frase que con el tiempo se convertiría en uno de los símbolos de su historia:
“Si oyen que he confesado o que he renunciado, no lo crean. Será el resultado de la fragilidad humana.”
Poco después fue arrestado.
Según los registros históricos de la Iglesia católica, Mindszenty fue sometido a torturas y posteriormente llevado ante un juicio considerado una farsa por sus defensores. Fue acusado de delitos como alta traición y espionaje, entre otros cargos, y condenado a cadena perpetua el 8 de febrero de 1949.
El proceso provocó una fuerte condena internacional y convirtió al cardenal en uno de los rostros más conocidos de la persecución religiosa detrás de la Cortina de Hierro.
Ocho años en prisión
Mindszenty permaneció encarcelado durante casi ocho años.
Su situación cambió en octubre de 1956, cuando una revolución popular sacudió a Hungría. Estudiantes, trabajadores y otros sectores de la población se levantaron contra el régimen comunista y la presencia soviética.
El 30 de octubre, los revolucionarios liberaron al cardenal.
Mindszenty fue trasladado a Budapest y pronunció un mensaje por radio en medio de la efervescencia revolucionaria. Durante aquellos días, Hungría pareció estar cerca de recuperar su libertad.
Pero la esperanza duró poco.
El 4 de noviembre, las fuerzas soviéticas intervinieron militarmente y aplastaron la revolución. Ante el peligro de volver a ser detenido, Mindszenty buscó refugio en la embajada de Estados Unidos en Budapest.
Los diplomáticos estadounidenses le concedieron protección.
Lo que inicialmente parecía una solución temporal terminó convirtiéndose en uno de los episodios más extraordinarios de la Guerra Fría.
Quince años dentro de una embajada
Mindszenty permaneció 15 años dentro de la embajada estadounidense en Budapest.
No estaba en una prisión formal, pero tampoco era un hombre libre. No podía abandonar el edificio sin exponerse a ser detenido por las autoridades húngaras.
Su mundo quedó reducido a los espacios de la representación diplomática.
Allí rezaba, celebraba misa, escribía y llevaba una vida marcada por el aislamiento.
Los años pasaron. Cambiaron los gobiernos, los presidentes estadounidenses y los papas. Sin embargo, Mindszenty seguía dentro de la embajada.
Era un hombre atrapado en medio de la confrontación entre la Iglesia, el régimen comunista húngaro y la diplomacia internacional.
El Vaticano comenzó posteriormente a buscar una salida que permitiera normalizar sus relaciones con Hungría.
La salida de Hungría
En 1971, después de negociaciones diplomáticas, el cardenal abandonó finalmente la embajada.
El 28 de septiembre de ese año salió de Hungría y se trasladó primero a Roma y posteriormente a Austria, donde viviría sus últimos años.
Pero su salida del país no significó que desaparecieran sus diferencias con el Vaticano.
En 1973, Pablo VI declaró vacante la sede de Esztergom. Mindszenty no aceptó voluntariamente renunciar a su cargo y vivió aquella decisión como un profundo conflicto con la Iglesia que había representado durante décadas.
Murió en el exilio
József Mindszenty murió en Viena, Austria, el 6 de mayo de 1975, a los 83 años.
Sus restos fueron sepultados inicialmente en Mariazell, Austria.
Había dejado establecido que su cuerpo no debía regresar a Hungría mientras continuara la presencia soviética en el país.
Su voluntad finalmente se cumplió.
En 1991, después del final del régimen comunista y de la retirada de las tropas soviéticas, sus restos fueron trasladados a Hungría y sepultados en la cripta de la Basílica de Esztergom.
Ese mismo año, durante su visita a la tumba del cardenal, el papa Juan Pablo II destacó su fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a su patria.
En 2019, el papa Francisco reconoció oficialmente las virtudes heroicas de Mindszenty y lo declaró Venerable, un paso importante dentro del proceso de beatificación.
Una vida marcada por la persecución
La vida de Mindszenty atravesó algunos de los acontecimientos más convulsos de la Europa del siglo XX.
Fue perseguido durante el período nazi y posteriormente encarcelado y torturado por el régimen comunista. Pasó casi ocho años en prisión y después otros 15 años refugiado dentro de una embajada extranjera en la capital de su propio país.
Su historia no terminó con su muerte.
Cuando finalmente regresaron sus restos a Hungría en 1991, el régimen que lo había perseguido ya no existía.
József Mindszenty murió en el exilio, pero regresó a su patria después de la caída del sistema político que había intentado silenciarlo.
Su vida quedó convertida en un símbolo de resistencia religiosa y política frente al totalitarismo, y su historia continúa siendo recordada como la de un hombre que pasó décadas pagando un alto precio por mantenerse fiel a sus convicciones.
Una frase antes del arresto. Ocho años de prisión. Quince años dentro de una embajada. Y finalmente, el regreso a una patria que pudo volver a recibir sus restos cuando la dictadura ya había desaparecido.